Un día cualquiera, en mi coche. Yo al volante (insensatos, Muajajajaja), Smoochies atrás, y a mi lado un gallego… La misión parece sencilla, ir a recoger a ChuacheBoy a ventas. Hicimos acopio de tecnología (leñe, por algo somos tres informáticos, lo que viene a ser algo así como 2,75 frikis) y arramplamos con mi GPS para esta complicadísima gestión.
El gallego loco gestionaba el GPS, que tuvo la genial idea de meternos por el infierno que es la M-30 con sus obras. Tras un rato se rompen las carcajadas, interrumpidas con el acento gallego del Pebles:
- Oye, que hay que salir ahora de la M-30
- ¿Ahora, ahora? ¿En esta salida o en la siguiente?
- ¿Cuál es esta?
- La 19
- ¡Ah! Pues era la anterior…
- ¿La anterior?
- O eso o la 21…
(La salida 21 pasa a velocidad de vértigo, a la izquierda, mientras habla el gallego)
- Oye, Pijama Master, ¿qué significa “rerouting“?
Tras 15 minutos de rerouting, ocasionados en parte porque un gallego riéndose a carcajadas no pronuncia muy bien y en parte porque un tercio de las salidas de la M-30 estaban cortadas, llegamos al destino.
Como primera prueba del GPS fue un desastre. Un recorrido de 25 minutos por dentro de Madrid, nos llevó casi una hora, mil vueltas y más carcajadas. He de reconocer que me reí lo suficiente como para amortizar el GSP y aprendí una buena lección:
No dejes a un gallego tu GPS.