No quiero dejar que se cierre hoy, el día del libro, sin agradecer a todos los escritores, autores, poetas, dramaturgos, románticos, filósofos y soñadores cada uno de sus libros, cada palabra, cada joya que nos regalan.
Sin los libros, no sería lo que soy. No recuerdo cuál fue el primero, pero sé que le siguieron muchos. De fantasía, ciencia ficción, policíacos, de humor, poesía o teatro, buenos y malos, se han sucedido, siendo cada uno de ellos un martillazo en el filo que compone mi alma. Incluso ahora me hacen compañía, cuando levanto la vista y veo a tan buenos amigos, Ender, Atreyu, Peter, Maigret, Poirot, Hamlet, Cyrano, Julieta, Beltenebros… todos ellos viajan conmigo, vaya a dónde vaya…
Por eso nunca estoy solo, siempre tengo el recuerdo, las palabras, los sueños e ilusiones de otros. Cuando no sé qué decir, sus palabras me enseñan. Cuando creo que todo va mal, me dan aliento. Cuando estoy feliz, comparten mi dicha. Cuando no tengo tiempo, me esperan, pacientes, con palabras danzando en sus páginas, escribiéndose cada vez de nuevo, inventando un nuevo detalle para que, cada vez que los visito, sorprenderme con algo que no vi la última vez. Un guiño a mi vida, a mi ánimo, un atisbo de lo más profundo de mi alma encierra cada uno de esos compañeros.
Gracias a todos los escritores por su tarea, a todos los libros por su amistad y a todo aquel, hombre o mujer, lugar o animal, que en algún momento, inspiró una joya.
Estoy intentando elegir una frase para esta entrada… pero hay tantas… Dado que es el día del libro, me quedo con una frase de cada uno de los dos autores que murieron en el “mismo” día, y en cuya memoria se celebra hoy tan gran evento:
La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.
Don Miguel de Cervantes
Si pudiera exaltar tus bellos ojos y en frescos versos detallar sus gracias, diría el porvenir: “Miente el poeta, rasgos divinos son, no terrenales”.
William Shakespeare