Ve a decir a los espartanos,
extranjero que pasas por aquí,
que, obedientes a sus leyes, aquí yacemos
Increíble libro sobre la batalla de las Termópilas (Puertas de fuego, de Steven Pressfield) que cayó en mis manos hace poco. Gracias a Sepia por recomendármelo y prestármelo, porque he podido comprobar, como me dijo en su día, que es una impresionante narración de la que (en mi opinión) es de las más épicas batallas de la humanidad.
Cierto es que la batalla es algo accesorio dentro de la vida de los personajes, sólo un culmen, un momento final de gloria a lo largo de una novela épica sublime, con frases para citar a mansalva, con momentos geniales, gracioso en momentos, aunque normalmente crudo y duro, describiendo la casquería de la batalla con un intenso color, haciendo que huelas la sangre revuelta, contándote hasta cómo en el fragor de la batalla, los soldados no podían contenerse y su orina se mezclaba en el suelo con la sangre e intestinos.
Del libro, a parte de la frase que da título a esta entrada, me quedo con la disertación de Suicidio sobre por qué quiere quedarse con los Espartanos, de la cual extraigo un fragmento:
¿Qué puede ser más noble que matarse uno mismo? No literalmente. [...] Extinguir el yo egoísta que llevamos dentro, esa parte que sólo busca su propia conservación, salvar su propia piel. Vi que ésta era la batalla que los espartanos habiais ganado sobre vosotros mismos[...]
Cuando un guerrero lucha no para sí mismo sino para sus hermanos, cuando el objetivo que con más pasión persigue no es la gloria y la conservación de su propia vida, sino perder su sustancia por ellos, sus camaradas, no abandonarlos, no demostrar que se es indigno de ellos, entonces su corazón verdaderamente ha conseguido el desprecio por la muerte, y con ello se trasciende a sí mismo y sus acciones rozan lo sublime.
Aquellos que disfruten de un buen libro, sea fantástico, épico o histórico, hallarán, entre las páginas de este libro, un grato viaje por Lacedemonia, de la mano de los mejores guerreros de una sociedad que es la base del mundo actual. Sentirán el miedo a la invasión, el dolor de la batalla y la pérdida de los seres queridos. Verán a un Leónidas de sesenta años, sabio, leal, dirigir de manera excepcional a una unidad de 300 señores (más iliotas y aliados helénicos) a lo largo de los días que duró la batalla.
Gracias de nuevo, Sepia, a ver si quedamos y te lo devuelvo.