Maldita luna

Agosto 10, 2006 on 11:37 pm | In Pensamientos | 3 Reflexiones

LunaAyer la luna me observó desde su altar. Su luz insuficiente dio forma de fantasma a todo lo que llega a alumbrar. Fantasmas, espíritus o recuerdos del pasado que añora el alma.

Tirado en medio de una carretera. Mi viejo coche de 16 años, que hacía mas ruido al girar que al tocar el claxon, me traicionó por primera vez dejandome en la sola compañía de tan alta diosa.

En la noche gobernada por la bellísima reina blanca nadie se atrevía a moverse, todo era respeto. ¿ O no?

Las tímidas sombras comenzaron a danzar, más ayudadas por la imaginación de observador, que por el viento inexistente. Si señor, el viento respetó la “Pax romana” impuesta por Luna. Pero las sombras se movían, había un traidor en aquel lugar. La carretera desierta de seres vivos y repletas de objetos inertes de metal en movimiento no era la culpable de la fiesta de las sombras. En el cielo las nubes esperaban al paso de su señora para hacerla sus merecidas reverencias. Las plantas del lugar permanecieron inmoviles, impasibles ante lo que a su alrededor se estaba fraguando.

El baile de las sombras seguía. La luna se estaba enfadando, pues en su paseo nadie que haya vivido osó retarla de aquella forma. La falta de respeto en la procesión de la Guardiana de la Noche se tendría que cobrar víctimas tarde o temprano. Yo asistía atónito al espectáculo, las sombras danzantes me recordaban a pasadas noches de fiesta y en sus formas empezaba a creer reconocer a mis más cercanos amigos.

Me acerqué para advertirles que Luna vigilaba, más en vez de temer, rieron y se burlaron de ella. No se dieron cuenta que ella les regaló la vida. Iba vislumbrando los perfiles y entre ellos encontré a mis antiguos y nuevos amores, familiares, viejos amigos que se merecían que les hiciera más caso, y todos bailaban a un extraño ritmo…

Ese ritmo lo conocía. Largas noches en el parque del cementerio los tocamos con nuestros yembés ante la soberbia mirada engañosa de quien yo creía madre de la fiesta, y amante de la vida nocturna. Me acerqué al lugar de donde provenía el ritmo, y me encontré con la figura más borrosa. El ritmo me invadió. Sentí mi conversión en sombra, salió mi interior, perdía la noción de la materia y me convertí en lo que realmente llevaba dentro. Por fin era solo alma. Luna enfureció, mas yo ya era sombra, y el culpable de aquel desafío a la paz de la noche. El traidor era yo. Era mi imaginación la que lo había creado todo, y sin embargo ahora era real. Los fantasmas, recuerdos del pasado, fueron marchando. Lo último que vi esa noche, fue una sombra especial marchar al tiempo que las demás. La última que perdí de vista, la que se tardaré más en volver a ver.

¡¡ Maldita Luna !! Castigame sin cien sombras, sin ritmo para bailar o quitame la noche. ¡¡Razón para estar celosa tienes, pues tu pertences al mundo de la luz y nunca me podrás tener!! Pero no te lleves a la única sombra que me daba luz, ritmo y vida cuando tu no estas. Esperaré a esas noches cobardes en las que apenas te atreves a asomar, para buscar en el mundo una sombra que de luz. Y se que la podré encontrar.

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