Aprendiendo a través de tus ojos

Octubre 27, 2006 on 1:24 am | In Pensamientos, atletismo | 3 Reflexiones

Jesús quería correr. Tenía seis años y sus papas le apuntaron a una escuela de atletismo.

Jesús llegó a un sitio que llamaban pistas. Era la primera vez que veía esa goma roja de verdad. Antes lo había hecho por la tele y le había gustado ver correr a aquellos señores.

Jesús también tenía miedo. No era ambicioso, pero sabía que si hacía caso a lo que le decían disfrutaría, se lo pasaría bien, y aprendería a correr al lado del viento.

Diego había corrido durante 15 años. Empezó como Jesús, subiendo un día a las pistas. Antes había corrido en el cole, y, bueno, no era una maravilla, pero era mejor que al fútbol.

Diego decidió ayudar para que la rueda girase y eso que a él le habían dado durante 15 años devolverlo. Pensó que algún niño cuando llevara todos esos años corriendo decidiera enseñar a correr. Era la mejor forma de dar las gracias por el regalo de tantos años de disfrute del atletismo, el deporte y la amistad con sus gentes conseguida.

A Diego no le gustaba la pista, le gustaba mucho más el campo, la naturaleza, los ríos, los charcos, las rocas, las cuestas… eso si que es correr y no dando vueltas.

El día que Diego empezaba se encontró con la madre de Jesús, y con un Jesús asustadizo escondiéndose tras ella. Después de que saliera de debajo de sus faldas…

Diego se cruzó con unos ojos que absorbieron sin que nada pudiera hacer para evitarlo, todo el conocimiento y la seguridad que había atesorado durante años. Jesús encontró unos ojos que le transmitieron la sabiduría. El rostro afilado de Diego le recordaba a aquellos que vio en la tele corriendo tan deprisa sobre la alfombra roja.

A Diego le pareció, al mirar aquello que tenía que moldear y adoctrinar en algo tan simple como correr, que le iba a ser imposible llevar a cabo un cometido tan difícil. Pero Jesús preguntó “¿Qué vamos a hacer hoy?”. Y en un torbellino de recuerdos Diego revivió su juventud, sus dos vueltas a las pistas, estirar de arriba a abajo, hacer skipping y demás técnicas de carrera, y los juegos.

Hoy hay 30 niños jugando con los monitores, no juegan los niños, ni los monitores mandan. Todos somos lo mismo, el grupo de gente que se une para dar vida al correr, emoción al lanzar y ganas al saltar. La alegría de los gritos
Gracias a Jesús, Diego encontró porque corría cada día.

Gracias a Diego, Jesús encontró porqué correría cada día a partir de hoy, y dentro de un tiempo enseñará a correr a alguien.

La soledad del atleta de fondo

Octubre 8, 2006 on 8:36 pm | In atletismo | Una Reflexión

Carretera y sol, son mis únicos amigos. El moreno de mi piel me hace hombre de campo y trabajador. El sudor del esfuerzo se transforma en kilómetros y dolor en las piernas. Y cuando observo que es lo que me rodea me doy cuenta de que no hay nadie. Si me pasa algo estaré muerto en este desierto. Así ha de ser. El atleta de fondo vive solo, y por mucho que intente cambiarlo, cada vez que se pone las zapatillas de correr vuelve a su estado original.

Quiero vivir. Parecerme en algo a los demás. Pero quien son ellos para decirme como he de vivir, y si son ellos los que no viven. Si el mejor amigo del hombre es el sol que le da la vida yo lo tengo más cerca que nadie. Las personas que entienden eso dan gracias por ese regalo. Pero sigo siendo persona, y la búsqueda de encontrar a alguien con quien compartir los momentos de sol, carretera, montaña y agua se ha convertido en una espera. Parecida al calentamiento de cada carrera. Al fin y al cabo en la vida y en el atletismo, las cosas acaban empezando.

Las canciones de los rios llenan mi mente, los pasos en el suelo marcan el ritmo de mi corazón y esperando a es alguien, la carrera, mi única compañera, llena lo que otra vació.

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