Teléfono
Julio 17, 2007 on 3:09 am | In General, Pensamientos | Una ReflexiónTengo un teléfono móvil nuevo.
Me han dicho en la tienda que es de tercera generación, que le dura mucho la baterÃa, y que tiene cámara de fotos. Yo, la verdad, le veo como tantos otros. Negro, con bordes brillantes, los números para marcar… si es verdad que se oye bien, pero el otro que tenÃa cuando era nuevo también se oÃa muy bien. No se, mi teléfono es un teléfono. Sin más.
Luego les hay en las casas. Esos no te los puedes llevar a donde quieras. Tienen un cable que les une a la pared… hasta donde yo llego a ver. Supongo que por ese cable habrán viajado numerosas declaraciones de amor, engaños de comerciales que venden enciclopedias, y alguna confesión inconfesable. Los fijos tienen más gracia que los que se pueden llevar de un sitio a otro. Cuando te llaman a uno de esos la otra persona puede tener la incertidumbre de si habrá alguien al otro lado.
Llamar por teléfono cuesta dinero. Depende de a donde llames cuesta más o menos. Aunque yo llamo lejos y me cuesta dinero creo que me cuesta más el tiempo que espero.¡¡ A veces pasan más de tres horas entre un tono y otro !!. Oigo subir y bajar a los vecinos, ladrar a los perros, pasar cuatro coches y no ha dado el siguiente pitido. La espera se hace interminable hasta que oyes al otro lado a la voz amiga que querÃas.
El problema que tienen los teléfonos es que a veces no puedes llamar tu. Tienes que esperar a que te llamen. Entonces sales de casa para trabajar. Miras al teléfono con la esperanza puesta en que te enseñe una llamada perdida, un mensaje… una señal divina. Pero el aparato sigue estático. Tocas algún botón para comprobar que está funcionando y la pantalla se enciende… eso debe ser que no tengo ninguna señal divina perdida. Llamas al ascensor, esperas a que suba a buscarte y cuando bajas vuelves a hacer la misma operación… no hay señal. Según vas hacia el trabajo lo miras aún dos veces o tres más. Y en el ascensor del trabajo una cuarta. Y a la hora del café. ¿No hay señal divina o no hay Dios?
Estoy delgado de esperar a que me llamen. Me come lo nervios una espera larga. Una mirada más hacia una pantalla insÃpida, insulsa, e incomprensible. Resignación y a seguir trabajando.
Las interferencias en la radio del coche hacen que los nervios se desaten… vaya, ¡¡y me pilla conduciendo!!… si es que no puede ser. Comienza una melodÃa comercial y llamativa que solo podÃa ser mÃa. Y, jugándome los puntos, las multas y la vida, pulso el botón verde para escuchar la cálida voz.
Al fin y al cabo lo más importante del teléfono… es quien está al otro lado, ¿o no?
El significado del plural
Julio 4, 2007 on 1:00 am | In Para más allá de las montañas | 3 ReflexionesCuando el otro dÃa dije vamos en vez de voy se me movió todo por dentro como en la noria cuando era niño. La mejor atracción de todas las ferias.
El rengado de la musa
Julio 3, 2007 on 9:48 pm | In Pensamientos | Sin ReflexionesTexto enrevesado para mentes dormidas que quieran despertar.
Yo ya no quiero tener una musa para inspirarme en mi poesÃa, pues si necesito de algo bello para escribirle versos, solo su belleza ha de ser merecedora de las letras que de ella emanan.
Yo quiero ser poeta sin musa o sin letras, porque se acaban mezclando y confundiendo los sentimientos con las palabras, y aún sabiendo que ambos son ciertos, no deberÃan tener que ver los unos con los otros.
Tu has de ser musa para mi poesÃa y mi poesÃa ha de ser solo para ti, porque eres tu quien la hace posible.
Los amores, los logros y las desdichas y las heridas forman parte de todas nuestras vidas. Las inspiraciones que hacen el mundo mejor vienen de los amantes verÃdicos, platónicos o imaginarios de los locos y visionarios.
Por eso gracias a l@s mus@s y a quienes conservaron con vida a semejantes ilusos que pensaban que haciendo su propio bien solo alimentarÃan su autodestrucción, cuando en verdad gracias a ellos el mundo tiene algo de esperanza.
Retornos y comienzos
Julio 3, 2007 on 9:35 pm | In Pensamientos, Libertad, Para más allá de las montañas | Sin ReflexionesAl atardecer de un dÃa soleado en el bosque fantástico de las tierras inexploradas dos seres acudÃan a la llamada natural de disfrutar de mundo. No necesitaban ninguna enseñanza para poder saber que les gustaba realmente.
Al ver el agua cristalina bajar helada de la montaña pensaron que si estaba ahà era para tocarla. Y asà lo hicieron, llenando sus manos del más puro cristal jamás creado, y vieron como desaparecÃa entre los huecos que habÃa entre sus dedos. Pero la sensación de frescor que sintieron les llevó a querer más y sumergieron sus cuerpos enteros. El frÃo les invadió y les llenó, y al salir de aquel baño fueron más jóvenes aún.
Cuando observaron el sol en lo alto sintieron ganas de acercarse, pero saltando apenas llegaban a tocar algún rayo más de luz. El ambiente les cautivaba, la luz filtrada por las hojas y los troncos de los árboles hacÃa que los insectos del aire devolviesen destellos con sus alas y se alargasen las sombras como los brazos de los ansiosos. VeÃan asà una atmósfera mágica donde toda la naturaleza ofrecÃa un regalo. Al fondo la montaña… -No creo que podamos estar más cerca del Sol que en la cima de aquella colina.- Dijo el hada. -Ni queremos. - Dijo el duende, poniendo los pies en movimiento hacia lo alto.
La subida se hacÃa pesada y los pies se volvÃan más lentos. Mientras tanto, la montaña se defendÃa de aquellos intrusos imaginarios agarrándolos con las espinas de sus zarzamoras ya en flor. Pero la gran disposición con que comenzaron aquel reto Hada y Duende les hizo salir al paso de las dificultades y alcanzar aquel lugar donde nada se interponÃa entre el sol ellos. El único lugar del mundo donde sabÃan que nada harÃa sombra a su disfrute.
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