El rengado de la musa

Julio 3, 2007 on 9:48 pm | In Pensamientos | Sin Reflexiones

Texto enrevesado para mentes dormidas que quieran despertar.

Yo ya no quiero tener una musa para inspirarme en mi poesía, pues si necesito de algo bello para escribirle versos, solo su belleza ha de ser merecedora de las letras que de ella emanan.

Yo quiero ser poeta sin musa o sin letras, porque se acaban mezclando y confundiendo los sentimientos con las palabras, y aún sabiendo que ambos son ciertos, no deberían tener que ver los unos con los otros.

Tu has de ser musa para mi poesía y mi poesía ha de ser solo para ti, porque eres tu quien la hace posible.

Los amores, los logros y las desdichas y las heridas forman parte de todas nuestras vidas. Las inspiraciones que hacen el mundo mejor vienen de los amantes verídicos, platónicos o imaginarios de los locos y visionarios.

Por eso gracias a l@s mus@s y a quienes conservaron con vida a semejantes ilusos que pensaban que haciendo su propio bien solo alimentarían su autodestrucción, cuando en verdad gracias a ellos el mundo tiene algo de esperanza.

Retornos y comienzos

Julio 3, 2007 on 9:35 pm | In Libertad, Para más allá de las montañas, Pensamientos | Sin Reflexiones

Al atardecer de un día soleado en el bosque fantástico de las tierras inexploradas dos seres acudían a la llamada natural de disfrutar de mundo. No necesitaban ninguna enseñanza para poder saber que les gustaba realmente.

Al ver el agua cristalina bajar helada de la montaña pensaron que si estaba ahí era para tocarla. Y así lo hicieron, llenando sus manos del más puro cristal jamás creado, y vieron como desaparecía entre los huecos que había entre sus dedos. Pero la sensación de frescor que sintieron les llevó a querer más y sumergieron sus cuerpos enteros. El frío les invadió y les llenó, y al salir de aquel baño fueron más jóvenes aún.

ArbolesCuando observaron el sol en lo alto sintieron ganas de acercarse, pero saltando apenas llegaban a tocar algún rayo más de luz. El ambiente les cautivaba, la luz filtrada por las hojas y los troncos de los árboles hacía que los insectos del aire devolviesen destellos con sus alas y se alargasen las sombras como los brazos de los ansiosos. Veían así una atmósfera mágica donde toda la naturaleza ofrecía un regalo. Al fondo la montaña… -No creo que podamos estar más cerca del Sol que en la cima de aquella colina.- Dijo el hada. -Ni queremos. - Dijo el duende, poniendo los pies en movimiento hacia lo alto.

SombrasLa subida se hacía pesada y los pies se volvían más lentos. Mientras tanto, la montaña se defendía de aquellos intrusos imaginarios agarrándolos con las espinas de sus zarzamoras ya en flor. Pero la gran disposición con que comenzaron aquel reto Hada y Duende les hizo salir al paso de las dificultades y alcanzar aquel lugar donde nada se interponía entre el sol ellos. El único lugar del mundo donde sabían que nada haría sombra a su disfrute.

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