Volver,
Enero 18, 2008 on 11:49 pm | In Pensamientos | Sin ReflexionesA las 11 de la mañana el cansancio ya llenaba la cabeza y el sudor del cuerpo habÃa salido hasta por el último poro de su piel. La alegrÃa del trabajo se desvanecÃa en un té con unas croquetas descongeladas en una freidora del bar de la esquina. En el periódico hay mucho fútbol y poco atletismo, mucha polÃtica y poca cultura, mucha prensa rosa pero nada de corazón. Aún asà la hora de volver al tajo se hacÃa alegre porque Arturo hacÃa lo que le gustaba.
Las siguientes tres horas son siempre amenas. Hoy se trataba de investigar porqué las endiabladas máquinas de imprimir no querÃan conectarse con sus compañeros los ordenadores. Cuando logró que se hicieran amiguitos y funcionaran todos al ritmo del corro de las patatas unidos por los cables se puso la sonrisa de la satisfacción del trabajo bien hecho por unos segundos.
Arturo mantuvo esa sonrisa por poco tiempo, pues la cambió por otra. Regresaba a casa. En el coche puso la música de la radio. Casi nunca llevaba discos, pues la mejor manera de conocer nuevas músicas era dejar que los locutores de radios nada comerciales le llevaran el nuevo ritmo en bandeja. Teniendo cuidado de no dejarse llenar del ritmo mientras conducÃa se plantó en 5 minutos a la puerta de la casa de sus padres, dejó la furgoneta aparcada en la puerta. Se iba desvistiendo por la casa rumbo hacia la ducha con los ritmos en la cabeza. Bajo el chorro de agua y vestido por la espuma esperaba el momento de ver a su chica. Hoy no le apetecÃa ponerse en chandal, con los vaqueros, y una camisa chula estarÃa mucho mejor.
Salió por fin por la puerta de su casa rumbo al calor del hogar…
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