Relato: Tormenta divina

Un sol cegador brillaba sobre la isla de Tabarca, intenso e inclemente. Sancho de Vema se puso la mano ante los ojos. El verano del año 1772 parecía más una venganza divina, un intento de los cielos de que cayera fuego del cielo.

Sancho volvió a mirar los planos, y dio las últimas instrucciones a los jefes de los grupos de obreros que finalizaban, por fin, la gran muralla de la isla, tras varios años de duro trabajo bajo la lluvia, el viento o el sol. Sobre todo el sol… Acarició el inconfundible sello de Fernando Méndez de Ras, trabajo orgullosamente en los planos. Se tocó levemente las sienes, ya casi sin pelo, antes de sacar su pañuelo y enjugarse el sudor de la frente.

—Terminemos esta muralla cuanto antes —añadió por fin, para finalizar la reunión con los capataces, dándoles una palmada en las recias espaldas—, con las tres puertas todo estará acabado de una vez por todas. Ya sabéis lo que tenéis que hacer.

Aquellas tres puertas… (más…)

Relato: Quince días para la perfección

Cuando Rosalía se despertó aquella mañana aún no sabía que le quedaban tan solo quince días para conocer por fin a la perfección. Pero lo que sí sabía era que aquel era el día de su llegada.

Bernabé do santos, se llamaba el escultor. Un grandísimo bastardo que había logrado granjearse la amistad de las altas personalidades de la villa y corte a lo largo de los años. Y además, según le habían llegado a Rosalía de algunos de sus clientes, había logrado perfeccionar una técnica secreta y costosa para crear modelos tallados que por lo que fuese parecían vivientes. Eso era lo que le interesaba de él.

Se acercó a la ventana y apartó las gruesas cortinas. Si. Allí estaba su carruaje, levantando gran escándalo en la quietud de aquella mañana.

Llegó el grande hombre. Rosalía no se equivocaba al suponer que la primera visita de él, después de quitarse el polvo del camino, sería para sus amigos de palacio. Por ese motivo había movido sus hilos. Aquella noche sería invitado a una selecta cena organizada por ella misma. Allí se conocerían por fin cara a cara, y allí mismo le expondría su proyecto. Y si Bernabé do santos era tan retorcido, avaro y desviado como le habían dicho no diría que no a su petición. Por fin tendría su gran obra… (más…)