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El portal de la imaginación

25-11-2014     (3 votos, 9 puntos)     1596 lecturas     0 comentarios
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Mi sorprendente historia empezó con Frank. Cuando jugábamos nunca se portaba mal conmigo, al contrario, nos sentíamos muy bien los dos juntos. Era el único que no lo marginaba porque sentía pena por él pero aquel día me causó un gran impacto al descubrirlo con un puñal en la mano y su propia madre postrada en el camastro, empapando las sábanas de sangre.

Sabía que era deficiente de nacimiento, no obstante, nunca me imaginé que podría llegar a hacer tal cosa, aunque diciendo la verdad lo sabía porque Dios me lo contaba cuando me ponía a rezar todas las noches antes de dormir, ¿o tal vez era mi yo interior?. Temía que lo llegaran a descubrir con las manos en la masa en uno de tantos crímenes atroces que cometía  en plena madrugada, propios de una mente retorcida. Los obreros lo señalaban con el dedo,  rumoreaban a escondidas que era el culpable. Por consecuencia, la gente empezó a apartarse de mi familia y ya no volvimos a ser normales ante los ojos de los demás. Pensaban que lo habían dominado fuerzas oscuras y para colmo de males atraía la mala suerte. Desde entonces lo llamaron Franck el Cuervo.

Como iba diciendo, esa mañana entré en la habitación y lo vi con mis propios ojos llorando detrás de la puerta. Después de recuperarme de la estupefacción sentí un gran alivio por ser yo el que lo había descubierto.

Miré a mi tía con los ojos lagrimosos. Me compadecí de ella, tan bella, tan amable, tan buena...no podía morir de esa forma. Lo único que hice fue besarla en la frente y llorar por su muerte pero estaba viva todavía, no se iba a ir de este mundo sin confesarme todos los pecados de su hijo y finalmente, antes del último suspiro me dijo:

—Protégelo sea como sea. Él es un chico bueno, por favor, Bobby. —me cogió de las manos y luego me abrazó. Cuando me quise dar cuenta había cerrado los ojos para siempre.

No lloré. Me prometí a mi mismo que nunca dejaría indefenso a mi más que primo, hermano. Franck se comportaba como un niño pequeño pero su aspecto físico era imponente. Alto como un roble, de cabello largo y castaño oscuro, sus ojos saltones eran parecidos a los de un lunático y tenía unos brazos larguísimos y robustos, en cambió sus piernas, cortas y medio torcidas. Yo veía dentro de él su alma benigna, cándida, no su fisionomía ni su locura aterradora.

Lo miré fijamente a los ojos y raudamente salimos de mi casa antes de que nos viera alguien. La mañana se presentaba como siempre fría, lúgubre, con capas de niebla en derredor. Corrimos cuanto pudimos sin mirar ni un solo instante atrás mientras el pobre Franck seguía llorando. De repente me dijo:

—Allí, Bobby, vamos allí.

Le hice caso sin dudar si quiera. Siempre sabía cómo esconderse de los niños que lo perseguían. A donde me había dirigido fue una tienda cerrada desde hacía años. Entre la oscuridad vimos una figura que nos miraba fijamente desde el ventanal. Abrió la puerta.

—Venid aquí, chicos. Yo os protegeré. —Era un anciano muy agradable. Medía no más que un garbanzo. Un bigote frondoso le cubría la parte baja de la nariz chata y su cabello cano parecía alborotado. —Bobby, ¿qué tal tu madre?

—¿Quién es usted señor?.

—¿No te acuerdas del abuelo?. Es normal, ha pasado tanto tiempo desde que me fui...Pero acabo de venir porque os tengo que enseñar algo fantástico y también te tengo que decir una cosa, Franck. He sido muy cruel contigo al sacarte de tu...pero antes tenéis que ver mi gran tesoro.

George iluminaba con un candelabro los caminos subterráneos y tortuosos por donde nos llevaba hacia una especie de caverna repleta de libros gruesos y anticuados puestos en unas cavidades. La oscuridad nos impedía ver el final de los larguísimos pasillos que se perdían a derecha e izquierda y se metían al interior.

—Hay millones de libros escritos por personas desconocidas, algunas ya muertas y otras vivas pero en paradero desconocido. Os presento mi biblioteca mágica donde residen algunos de los personajes más célebres de estos libros. Si nos metemos hacia dentro con sigilo podremos verlos pulular. —murmuró.

Bobby se burló.

—Tómatelo en serio. Hay magia en este sitio. —su semblante se tornó sombrío. —Algún día será tuya, Bobby. Sé que te fascina la lectura como a ningún niño a pesar de pertenecer a una familia obrera. Cada uno de los libros que encontrabas en tu mesita todas las mañanas los escribí yo. —me dejó boquiabierto. El abuelo George escribía mejor que nadie. Me releía miles de veces sus libros rezando a Dios que me diera la oportunidad de conocer a quien me los regalaba misteriosamentente. Y resulta que era al que llamaban trotamundos. Siempre oía cosas buenas y sorprendentes de él contadas por mi madre o Greta.

—¿De verdad?. —se me iluminó la cara de emoción.

—Si, por supuesto. Sé que no me defraudarás porque eres la persona más indicada para heredar mi secreto. Pero aún falta lo mejor. —avanzó unos pasos hacia una puerta disimuladamente escondida. Abrió con una llave larga y oxidada por el paso del tiempo.—Este es el invento más misterioso y espectacular jamás sacado a la luz. —apuntó hacia un portal de acero de enormes dimensiones. A ambos lados habían dos muros y en el de la derecha un espacio vacío. —pero, Bobby, nadie debe enterarse que existe una cosa así. Confío en tu prudencia.

—De acuerdo.

—Ha llegado la hora de decirte la verdad. —se dirigió hacia mi primo.— Perdóname por no habértelo dicho antes pero lo hice por el bien de Greta, la que te ha dado cariño todo este tiempo. Dios la había hecho seca así que me permití engañarla dándole un bebé imaginario, tú.

 —No puede ser cierto. —Bobby se quedó petrificado.

—Es así. Tu, querido Franck no perteneces a este mundo. Eres fruto de mi imaginación y espero que puedas perdonarme algún día. Debes volver a tu lugar de origen.

—Abuelo, los libros te han absorbido el cerebro —era imposible creerse tantos disparates. Por un momento pensé que estaba en un cuento y que nada era real puesto que hacía unas horas mi vida se regía por la monotonía.

Salió sin decir nada y en pocos segundo trajo un libro viejo. De pronto oyeron arriba dos golpes fuertes. Estaban llamando a la puerta. Sus corazones palpitaban alocadamente.

—Hombres malos, muy malos.

—Rápido, no hay tiempo. —puso el libro en la oquedad y lo abrió por la primera página —abrirás los ojos en la alcoba de tus padres.

—No, él se queda conmigo, por favor no me lo arrebates.

—Lo arrestarán por haber asesinado a tantas personas, ¡eso quieres!. Es su única salvación. —abrió el portal. Dentro nada más había oscuridad. —hasta siempre mi querido Franck. Ah y recuerda que debes de ser como yo te creé, un osado fortachón. Tu padre te quiere mucho pero quiere un hijo que se haga cargo de su reino. Buena suerte. —otra vez los golpes. Se metió y desapareció.

—Espera, Franck, no te vayas.—Bobby se metió en el último segundo.

—¡No!. —le sujetó de la mano.—Puedes sufrir duras consecuencias si vuelves. Mira como él salió de su mundo, no te arriesgues. —se zafó y se metió en la oscuridad.

Busqué por todos los sitios esperando encontrarlo asustado y llorando. Salí de la alcoba y con mucha cautela seguí el pasillo a la izquierda. Por suerte no me crucé con nadie. Aquel sitio donde estaba parecía estar deshabitado. Subí las escaleras de caracol. Arriba había un enorme patio con vistas hacia el horizonte, en cuanto salí contemplé a lo lejos que no había salido el sol aún pero ya clarecía. No noté mucho frío aunque corría una ligera brisa que me daba de espaldas. Vislumbré a Franck en medio de unas columnas que sujetaban el tercer piso y sin perder tiempo me acerqué a él para abrazarlo.

Un hombre abrió la puerta de par en par vestido de gris plomo con una capa negra ondeando como la bandera del reino. Lo acompañaba un anciano barbudo de nariz aguileña.

—Esos miserables pagarán cara la traición. Si quieren morir tenlo por seguro que así será.

—Los dioses están de vuestro lado, alteza, pero hay que ser precavidos. Esos Serpentinos son estrategas del combate. Además cuentan con el apoyo de los Murciélagos. Ya han conquistado varios renios allende el mar Casto.

—Soy mucho más poderoso que ellos, lord Kleyk. Nada ni nadie derrocará a mis hombres. —vociferó—Imagínate si conseguimos las gemas de los Serpentinos y sus territorios. ¡Seremos invencibles!.

—Vuestros aliados querrán su parte.

—Tendrán lo acordado, ni más ni menos y si se revelan los mataré lenta y dolorosamente. —dijo al tiempo que deshizo su enorme coleta cana.

—Nos conviene tenerlos contentos.

De repente nos descubrieron.

—¡Papá!, ¡soy tu hijo!. —dijo alzando la voy lo más fuerte posible.

Dos soldados nos llevaron ante los pies del rey Uruk. En ese mismo momento entró un mensajero.

—Alteza, los dos reinos Florín y Tritel no aceptan vuestro soborno. Se dirigen hacia al campamento del batallón a unos sesenta kilómetros. —ambos se consideraban provenientes de la raza de los hombres serpiente por lo que no podían ponerse a favor de Uruk ni por millones de monedas de oro.

—Empieza la guerra de verdad. Por fin acción en mi vida. Ya estaba harto de no matar a esos hombres serpiente. —sacó del bolsillo una especie de flauta diminuta. En segundos apareció un gigantesco dragón rojo. —matadlos vos, lord Kleik. Seguramente serán infiltrados enemigos.

—Padre, espera. —los desvistieron. Franck tenía un lunar gordo en la cintura. Uruk se fijó en él.

—Dioses, es imposible. —se dijo así mismo. Que esperen a mi regreso.

—Como usted ordene alteza. —salió volando a lomos de su dragón.

—Iremos con él. —me atreví a decirle. —así le demostrarás tu valentía.

 —El rey ha ordenado que esperéis. No sabes como es la guerra, mocoso.

—Si lo sé y si no quieres ayudarnos no importa. Ya nos buscaremos la vida para ayudar al rey.

—Eso, eso. —Franck aplaudió y rió.

—No lo hagáis, os matarán. —se fueron sin escucharlo siquiera. —ingenuos.

De camino a la salida de la ciudadela encontramos un animal de grandes patas y plumaje blanco. Soltaba por la boca fuego azul.

Así pues, con paso ligero partimos allende el muro protegía el territorio de Uruk. Estábamos completamente convencidos de que podíamos hacerlo.

En el transcurso del viaje noté un gran cambio en Franck. Ya no se comportaba como un niño indefenso, era otra persona, más atrevido e inteligente. Las circunstancias lo habían hecho cambiar. No obstante, todavía lloraba silenciosamente por las noches. Era Greta a quien pronunciaba constantemente en el camastro de las posadas. Vivía con la eterna  esperanza de verla una vez más si salía afuera y miraba al cielo estrellado. Me compadecía de él siempre, y lloraba también. Nos quedaba un largo viaje por recorrer pero nunca nos arrepentimos de lo que habíamos hecho porque lo que más valía era que estábamos juntos pese a todo lo ocurrido.

Una tarde de lluvia y sol a la vez, los alcanzamos. En lontananza se encontraba el ejército del rey Uruk. Ocupaba toda la línea del horizonte. A unos metros más arriba el dragón planeaba en círculos expulsando un fuego abrasador. Vi a los enemigos pronunciar un grito de guerra y alzar las espadas e inmediatamente surgió el choque entre ambos bandos. Nosotros cada vez estábamos más cerca.

 —Mira como lucha mi padre. Algún día quiero ser como él.

—Lo serás. —no había visto hombre más osado. Estaba a la vanguardia como un soldado más. —¡vamos, está en peligro!

Desenvainamos las espadas y nos metimos en el alboroto. De súbito, una gruesa serpiente voladora irrumpió azotando con su enorme cola a los enemigos. Estos caían como moscas al mismo tiempo que un hombre serpiente de ojos amarillos y pupila negra lanzaba una bola de piedra a la cabeza del rey. Para colmo clavaron dos lanzas en sus costados. Al momento la serpiente arremetió contra el dragón y lucharon en el aire.

—¡Padre!, ¡no! —se dejó llevar por la vehemencia y luchó con su espada contra aquellos soldados y los mató de una sola. —tranquilo, te curarás.

—Eso no importa ahora. Escúchame bien, quiero que defiendas mi reino con uñas y dientes y jamás te rindas. —soltó sangre por la boca. —mata a esos miserables, consigue las gemas y sus territorios y Nunca te apiades de ellos.

—Te lo prometo. —le cerró los ojos. Descargó la rabia acumulada durante todo ese tiempo matando a miles de hombres con lenguas bífidas y piel escamada.

Al rato el dragón cayó muerto, aplastando a miles de soldados.

Estaba oscureciendo cuando de repente unos murciélagos horrendamente feos y negros como el carbón nos agarraron y nos llevaron a sus cuevas. Allí al rededor de ratas y heces respirando un olor nauseabundo permanecimos hasta el siguiente día. Al amanecer nos sacaron de la oscuridad. La luz nos dejó deslumbrados sin poder ver nada pero pudimos oír perfectamente la voz seseante de un Serpentino.

—Vaya vaya, tienes un enorme parecido al rey muerto. ¿Cómo es que has crecido tan rápido?.

—¿Quién eres?. —dijo Franck sin atisbo de temor.

—Sersisión, el nuevo rey de estas tierras y las de todos los hombres muy pronto. —cuando lo vio nítidamente se acordó del que dirigía a la serpiente.

 —Yo soy el heredero de estas tierras, por tanto, las defenderé con la espada.

—Vosotros los Draken estáis acabados. Solo quedas tu en pie pero tu final será idéntico.

—Nunca, óyeme bien, nunca me arrebatarás mis dominios.

—Ya lo estoy haciendo. Tu familia ha sido muy malévola con mi raza. Han querido hacernos desaparecer para siempre aprovechándose de nosotros para crear juegos sangrientos.—fingió unas lágrimas. —Debería darte vergüenza tener un padre tan vil, sin escrúpulos. Nosotros solo queremos vivir en paz. —la serpiente que llevaba colgada en su cuello, la cual tenía la ventaja de menguar o aumentar las veces que le apeteciera, la misma que el día anterior planeaba a lo alto, siseó. —hay Seisán, tu sí que me comprendes. ¿Recuerdas todavía a los ancianos Nila y Doch?. Fueron los únicos humanos que nos trataron bien.

Me compadecí de él, había cambiado de parecer, sin embargo, Franck seguía manteniéndose firme.

—Tal vez no estemos luchando en el bando correcto—dije.

—Ellos mienten, lo veo en sus ojos.

—No mentimos, tu padre estuvo a punto de aniquilarnos y si no me crees compruébalo tú mismo. Ve a la ciudadela y encuentra el calabozo subterráneo. Es un sitio tétrico. Las rejas independientes rodean hasta donde no puede alcanzar la luz de los candelabros el vacío, un profundo e inmenso pozo. Dicen que abajo del todo hay cocodrilos y es cierto. Por las noches, si te quedas en silencio puedes oírlos chapotear y en ocasiones el sonido que hacen sus grandes bocas al chocar. Les tiraban siempre el mismo día cuantiosos hombres, mujeres y niños como yo. A veces sin que lo supiera me daban de comer los restos. Fue horroroso y si no me hubieran rescatado a tiempo mi locura y mi desesperación habrían acabado conmigo. Apenas me sacaban a la luz y cuando lo hacían era para cazar a mas Serpentinos en el bosque. Me obligaban a lazarles flechas o directamente con una daga rajarles el cuello. —esta vez las lágrimas eran de verdad. —¿Comprendes por qué quiero acabar con vosotros?, y tú me recuerdas tanto a él.

Franck no podía mirarlo a los ojos ni decir nada.

—Entiendo tu silencio. No tienes la culpa de nada por eso voy a dejar iros a que comprobéis ese lugar. Aun deben estar los cuerpos putrefactos en los calabazos. Tranquilos, yo ordenaré a mi gente la retirada.

—Sersisión, te pido disculpas en nombre de mi reino.

—El perdón no me sirve de nada, pues lo hecho, hecho está.

—La guerra ha terminado, Franck. De aquí en adelante vivirás feliz. —le dije.

Se fueron cada uno por su lado. Alcancé a ver una sonrisa extraña en los labios de Sersisión. No la entendía. Estuvimos meditando todo el viaje.

A la llegada comprobamos el calabozo. Era tan grandioso que los habitáculos cerrados por rejas de la otra parte se antojaban minúsculos. Pensaron que ya no tendríamos más problemas pero estábamos muy equivocados porque los Serpentinos volvieron a atacar de improviso. Nadie estaba preparado para retener a semejante horda. Destrozaron todo cuanto vieron a su paso, violaron mujeres, niñas, mataron hombres de familia, ancianos...Cuando Franck se enteró ya era demasiado tarde. Lanzaron bolas de fuego hacia el interior de la ciudadela causando pavor por doquier.

Antes de levantarse el barrunto por las calles había visto a su madre por primera vez amamantando a su hijo, o sea a él y entonces le entró una sensación de alegría indómita porque era idéntica a mi tía Greta. Tal vez mi abuelo lo hizo a propósito cuando creó la historia, la quería tanto a su hija que decidió recrearla en su imaginación pero con el sueño de su vida, tener un hijo.

Él solo se atrevió a saludarla con educación.

—¿Quién eres?

—Soy tu hijo, soy el bebé, madre. Te cuidaré mucho de aquí en adelante.

—Debes de estar bromeando.

—No. Ya sé que es difícil de creer pero nuestro creador lo hizo así. —la abrazó y le dio dos besos en la mejilla. —padre ha muerto en batalla.

La reina rompió a llorar.

—Franck, nos atacan. —le dije arrepintiéndome de haber cortado una escena tan bonita.

—Sabía que ese Sersisión no era de fiar. Vamos, pues a prepararnos.

—Nos ganan en número. Son mucho más fuertes esta vez.

—Nunca nos rendiremos. Eso me dijo mi padre y lo cumpliré.

La noche oscura sin luna ni estrellas fue caracterizada por la sangre. A la mañana siguiente consiguieron tenerse en pie ellos dos y Sersisión junto a su serpiente. Los demás muertos o desaparecidos. Franck buscaba como loco a su madre y a su otro yo. Temía encontrarlos muertos a la vez que Bobby luchaba contra Sersisión cara a cara sin descansar. Hasta que dijo:

—Para ya de luchar. Si, has conseguido derrotarnos, pero mira a tu alrededor. No hay nadie a tu lado. Esa serpiente te está controlando, ¡eres su títere!.

—Eso es mentira. —en verdad sabía que tenía razón pero no quería admitirlo.

—Tú mismo. Llegará el día en que tus enemigos te derroten como lo hiciste tu con Uruk. La venganza no sirve de nada. Con la paz ganas más, te lo aseguro.

Sersisión se quedó meditando. Al poco rato se fue sin decirme nada.

Lo perseguí sin que se diera cuenta. Se dirigía hacia el calabozo subterráneo.

—¡Espera, no lo hagas!. —lo detuve pero no me hizo caso.

— Estoy harto de ella. —la tiró al vacío. —Has conseguido tu propósito. —gritó hacia abajo provocando ecos mortificadores. —Lo peor de todo es que sé que volverá, esa serpiente no es como las demás, es maligna, es el propio Syin, el dios de los Serpentinos. —su rostro demacrado era la viva imagen de desesperación. —Nunca me libraré de ella. Prefiero morir antes que vivir con el remordimiento de haber matado a tantas personas. Se precipitó al vacío.

No lo pude creer, se había tirado sin apenas pensárselo. Estaba muy alicaído en ese momento. Solo  me venía a la cabeza Franck así que decidí ir buscarlo.

Más tarde lo encontré con su madre, moribunda, en el suelo y el niño llorando.

—Los malos han muerto y tu y yo vivos. A partir de ahora tienes un reino que construir y proteger.

—¿Ya te vas?.

—Lamentándolo mucho sí, he de volver para cuidar del abuelo y este gran secreto. Que seas feliz.

—Un último favor. Dale recuerdos de mi parte y lleva sus huesos al portal. Quiero tenerla cerca aunque sea imposible.

—No te preocupes, lo haré. —lo abracé fuertemente. —primo, hasta siempre.

Nunca más lo volví a ver pero siempre permaneció en mi corazón.

Cuando regresé, George ya había muerto. Según me contaron sufrió una gran paliza por parte de los soldados que lo obligaron a contar donde se escondía Franck. Obviamente no dijo la verdad. También me percaté de que muchos de mis allegados tuvieron un final doloroso en la Gran Guerra, por ende, abundaban las mujeres en las potencias europeas, incluida, Gales, mi país, llorando todos los días tras recibir las malas noticias del mensajero.

Yo era uno de los pocos jóvenes que seguía con vida aunque también había participado en una guerra y la había ganado. Desde entonces me entregué exclusivamente al secreto y por añadidura empecé a escribir y escribir día tras día. Logré crear unos cuantos libros de los que me enorgullezco hoy en día. También reconstruí el hogar poniéndolo a mi gusto. Finalmente una noche desenterré los huesos y los metí en una caja, al lado del portal y el libro encima. De alguna forma sabía que ellos se volvieron a unir, madre e hijo en la realidad y en la ficción.

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